Vicente del Bosque

Hace unos meses saltó la noticia de que el Rey Juan Carlos I había concedido a Vicente del Bosque, entrenador del equipo español de fútbol que alcanzó por primera vez el título de Campeones del Mundo en Sudáfrica en 2.010, el Marquesado de Del Bosque por su «…gran dedicación al deporte español y la contribución de don Vicente del Bosque González al fomento de los valores deportivos«.

No seré yo quien ponga en duda las palabras del Soberano al conceder el título nobiliario y, además, aunque con un poco de retraso, aprovecho desde aquí para enviarle mi más sincera y cordial bienvenida a Don Vicente al grupo de la nobleza titulada. Pero tengo para mí que detrás de este nombramiento hay otros motivos que los estrictamente expresados en la Carta de Concesión.

Como español, de la misma manera que nuestro Monarca se siente español por sus cuatro costados, nunca había visto a los españoles tan unidos en torno a un único proyecto común, la victoria del equipo, ni tan unidos en torno a un símbolo que es de todos, nuestra bandera.

Paseabas por España, cosa que me tocó hacer en ese tiempo y encontrabas la bandera en ciudades, balcones, restaurantes, bares, oficinas… ¡¡¡hasta la encontrabas en algún que otro Banco!!!. Y eso, sin lugar a dudas, a todos nosotros, españoles, en unos tiempos de cultura e información sobre todo globales y en unos tiempos en los que los nacionalismos parece que ganan victorias locales imponiendo banderas regionales sobre la que es desde hace años nuestra bandera común, nos llenó a todos y nos llena de orgullo. Los nacionalismos regionales probablemente sin querer o probablemente queriendo, nos hacen mucho daño en nuestro sentir como pueblo unido. Nos restan energías y nos separan del foco.

Es algo que se viene haciendo en España de una manera paulatina, casi imperceptible y muy inteligentemente desde hace 35 años y va calando en las nuevas generaciones.  Es algo que considero muy grave. En tiempo convulsos como los que actualmente estamos viviendo es especialmente más grave.

Y como a nuestro Monarca le gusta mucho escribir al dictado sin que se plasmen sus palabras, creo que una vez más lo ha vuelto a hacer. Mis felicitaciones.

 

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