Querellándome contra Jueces

Aquí me tenéis… en cada momento de la vida, afrontando los retos que van apareciendo. Ahora, querellándome contra Jueces. Los Jueces y Magistrados que pusieron en marcha y, por cierto, con bastante éxito, un impresionante proceso de tortura contra mí y contra mi familia. En particular contra Ana y contra mis seis hijos menores de edad.

Como se ha podido leer en algún artículo, me han dejado sin nada. Y lo han hecho de la forma más ilegal y salvaje que pueda alguien hacerse una idea y mucho menos imaginar que sea algo que pueda ocurrir en un Estado de Derecho. Menos todavía en un Estado que forma parte de la Unión Europea. Utilizando el poder judicial para torturar. Así ha sido.

En definitiva, me enfrento a todo un reto.

En su momento me enfrenté al reto de convertir en líder mundial un personaje de animación que se creó en nuestra oficina de Madrid. Lo conseguimos. Ahora el reto es un poco diferente y está por ver que lo consigamos: demostrar que un conjunto de jueces y magistrados han mentido, han prevaricado, han sido cómplices de un presunto delito de blanqueo de capitales y me han torturado a mi y a mi familia, dejándonos sin nada en castigo -seguramente- por haber presentado una queja contra una jueza a la que pillamos manteniendo una «relación íntima» con el Procurador de una de las partes en un procedimiento que se estaba llevando en su Juzgado.

El procedimiento tiene relación con el asalto de mi socio a Zinkia Entertainment, S.A.. La empresa que fundé, en la que se creó y desarrolló Pocoyó y de la que era el accionista mayoritario. Algunas partes del proceso están explicadas en el Post Caso Pocoyó que se presenta en la web de la Asociación de Víctimas de Corrupción Judicial.

Descubrimos que la Jueza que estaba llevando el procedimiento, como decía, mantenía una «relación íntima» con el Procurador de la parte contraria. «Relación íntima» es una manera elegante de decir que ambos mantenían una relación equivalente a un noviazgo, que se mantuvo durante meses y que no tenían vergüenza alguna en mostrar en público. Presentamos una queja contra ella que, por supuesto, documentamos.

Una vez presentada la queja, los documentos más importantes no fueron admitidos por sus compañeros jueces y la queja fue archivada sin imposición de sanción alguna a la Jueza. La Jueza mintió abiertamente en sus declaraciones y sus compañeros la creyeron, a pesar de que estaban plenamente acreditadas las falsedades.

A partir de ese momento las irregularidades en el Juzgado y las actuaciones presuntamente ilícitas se multiplicaron. Estaba claro que la impunidad que el corporativismo de sus compañeros le había regalado por encima de la Ley, le hizo sentirse fuerte e imagino que despertó un fuerte ánimo de venganza y represalia.

A partir de ese momento, cada vez que presenté una denuncia ante un Juzgado, las denuncias se inadmitían. Todas. Una detrás de otra. Sin excepción. Y cada vez que lo hacían, las razones que esgrimían los jueces o bien era falsedades, o bien utilizaban jurisprudencia adulterada, o bien simplemente cambiaban lo que había denunciado para inadmitir o desestimar por algo diferente a lo que yo había denunciado. Lo hacían siendo conscientes que se estaban produciendo graves infracciones y graves delitos. Y que estos tendrían unas terribles consecuencias sobre mi vida y sobre la vida de mi familia. Parecía que les era indiferente. Parecía que estaban dispuestos a admitir cualquier cosa, aunque fueran delitos, con tal de curar el orgullo herido de la compañera descubierta en tan inconveniente situación.

En una ocasión presenté la denuncia ante la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía Nacional (UDEF). Me estaba refiriendo al asalto ilegal -hasta con documentación falsa- de una compañía cotizada en un mercado organizado, con múltiples accionistas. La UDEF, a las pocas semanas de presentada la denuncia, una vez examinaron a fondo la documentación, dieron traslado de la misma al Decanato de los Juzgados de Instrucción para que se abriera una investigación judicial a la vista de los claros indicios criminales. En 24 horas el Juzgado abrió Diligencias Previas, algo muy inusual en la rapidez pero que se explica por el hecho de ser la Policía quien daba traslado de la denuncia.

Una vez me personé en el Juzgado, las cosas cambiaron. Poco después la investigación quedó sobreseída y la investigación archivada. Sin explicación alguna, sin investigación eficaz y esgrimiendo por parte de quien lo hacía, las mismas falsedades que esgrimía el presunto delincuente.

Esto que digo, repetido en ocho, nueve, diez o más juzgados diferentes. No recuerdo cuántos. Y en cada uno de ellos, doblado. Porque en todos ellos presenté apelación. En todos ellos se repitió lo mismo: negativa a investigar de forma eficaz, sustentando tales negativas en argumentaciones falsarias por parte de los jueces. Haciéndolo además, siendo plenamente conscientes que me estaba refiriendo a la adquisición ilícita de una serie de bienes por parte de unos presuntos delincuentes. Es decir, al delito de blanqueo de capitales. Que se estaba llevando a cabo además con acciones de una compañía cotizada en un mercado organizado. Nada de eso parecía importarles. Los presuntos delincuentes siempre fueron quedando impunes ante las reiteradas negativas a investigar.

Los hechos se pueden interpretar de muchas maneras. Pero a mí me parece que la interpretación más evidente es la de una clara represalia por haber presentado una queja contra una compañera Jueza.

Un famoso abogado que, en estas semanas por cierto, aparece con cierta frecuencia en los medios de comunicación en referencia a la sentencia dictada por el TJUE sobre el caso del Sr. Junqueras, analizando el caso me decía:

Puede darse el caso que un Juzgado, equivocándose, no te de la razón. Está claro que la tienes a la vista de la documentación. Pero también los jueces son personas y se equivocan. Tienen un gran sobrecarga de trabajo y puede pasar. Podría darse también el caso que se equivocaran en dos Juzgados. Pero… ¿que se equivoquen todos y cada uno de los Juzgados en los que has presentado casos? Eso no es posible. Eso forma parte de un plan. Una estrategia. Y esa estrategia es de venganza. De represalia. Claramente. Sin duda alguna.

De hecho, en una de las resoluciones judiciales, los jueces de una manera indirecta, me lo reprochaban abiertamente. Incluso daban a entender que si no hubiera presentado denuncia contra la Jueza y contra la Secretaria Judicial… otro gallo cantaría.

Esa represalia ha dejado a mi familia destruida. A mí me ha dejado destruido -lo que no quiere decir rendido- y mi patrimonio personal, profesional y económico, sustraído. El económico, entregado al cliente del Procurador que era el novio -o el ligue- de la Jueza. A unos precios de risa. Tras múltiples violaciones a la Ley y con el pleno consentimiento de los poderes judiciales involucrados.

Ante una situación así, no ha sido fácil seguir adelante.

Lo primero que hacen este tipo de personajes cuando deciden llevar a cabo un proceso de tortura como el que han llevado a cabo en mi caso y en el de mi familia, es dejar en la calle, en la más absoluta de las ruinas a las víctimas. Y cuando digo «en la calle» no es una figura retórica. Se aseguran de quitártelo todo, absolutamente todo, con el fin de que no puedas actuar contra ellos. Tu trabajo, tu honra, tu prestigio personal y profesional, tus ahorros y por supuesto, también tu casa. Que tu vulnerabilidad sea completa. De forma que tengas que preocuparte de cómo comer cada día, de dónde dormir, de cómo sacar adelante a tus hijos menores de edad. Todo ello antes de poder preocuparte de cómo defenderte o cómo reclamar por los daños que estaba sufriendo.

La actuación es de una crueldad que no tiene límites. Y quienes te infringen la tortura son jueces. Autoridades públicas. Los encargados de hacer velar el imperio de la Ley. Sin embargo, hacen todo lo contrario. Con completa impunidad.

He tenido la buena fortuna de contar por un lado con unos hermanos que no me han dejado solo y unos suegros que se han ocupado de mis hijos. Nos han permitido sobrevivir en una situación como ésta. Aunque solo haya sido sobrevivir, eso ha sido más que suficiente.

Me ha permitido poder luchar.

No fue fácil tampoco encontrar unos abogados que estuvieran dispuestos a firmar querellas contra Jueces. Las venganzas y las represalias de los jueces en España cuando contra ellos se presentan querellas, acaban con las carreras profesionales de los abogados que lo hacen. Y los abogados lo saben. En mi recorrido a la búsqueda de abogados, me he encontrado con abundantes casos.

Es algo parecido al reino del terror.

Me recorrí España hablando con diferentes abogados. Con alguno llegué a pensar que había encontrado el profesional ideal, pero un buen día, después de meses de reuniones y análisis de la documentación y tras haber entendido el abogado la gravedad de la situación y la amplitud de las medidas que había que adoptar, sin mediar palabra, desapareció. Dejó de contestar el teléfono. Era y es un gran profesional y me consta también que una gran persona, pero huyó sin decir adiós.

No es nada fácil plantear: «estoy querellándome contra Jueces«. Mucho menos cuando además empiezas a nombrar a los diferentes jueces contra los que no te queda más remedio que querellarte. Asusta. En este reino del terror que algunos jueces tienen perfectamente organizado, es normal que asuste. Los abogados viven y mantienen a sus familias y despachos profesionales de ganar pleitos para sus clientes. Y esos pleitos los han de ganar ante los jueces. Si los jueces son vengativos, y aplican represalias si alguna vez denuncias a alguno de ellos olvidando el imperio de la Ley… todos los años de estudio, profesión y trabajo, se van por una alcantarilla.

Conozco incluso un caso de un abogado que está encarcelado con casi setenta años y considerado como preso muy peligroso. Casi con setenta años y sin haber tenido previamente problema alguno con la Justicia. ¿Cuál fue su «delito«? Contar a los cuatro vientos la corrupción judicial que estaba contemplando y sufriendo. La represalia fue, de nuevo, salvaje e implacable: fue enviado a la cárcel sobre la base de una denuncia que no tenía sostén probatorio alguno. Y ahí sigue años después. Lo han tenido en celdas de incomunicación. Lo han mantenido durante años alejado a cientos de kilómetros de su propia familia. No le han permitido también durante casi dos años visitas de su pareja. No le han otorgado el tercer grado que le debería haber correspondido. El abogado ha tenido ya, si no estoy mal informado, dos infartos en la cárcel. Y ahí lo siguen manteniendo. Pueden leer el caso en este post de la Asociación de Víctimas de Corrupción Judicial.

Es duro, sin duda. Pero en este tipo de lucha nunca estamos solos. Yo creo en Dios. Y creo que Él está siempre presente y a nuestro lado. Creo también en los Ángeles y creo que Dios nos manda Ángeles para ayudarnos en nuestro camino.

Un buen día, cuando estaba empezando a pensar que no me sería nada fácil encontrar el abogado con quien pudiera afrontar la situación que estaba viviendo y soportando, sin esperarlo, ese abogado con quien terminaría haciéndolo, me llamó por teléfono.

¡Hola! Estoy en Madrid, me han hablado de tí y me gustaría conocerte. ¿Nos tomamos una cerveza?

¡Claro! ¿Cuándo? ¿Dónde?

En media hora, en los sótanos de Serrano 50.

Me llamó sin saber lo que yo estaba buscando. Sólo porque, a través de otros denunciantes, había oído hablar de mi caso y quería conocerme. No esperaba su llamada. No lo conocía de nada. Sólo tenía alguna referencia de el, pero nada más.

En muy pocas horas entendimos que nuestra lucha era muy parecida y que en ella nos mantendríamos unidos por mucho tiempo. Tanto él como su socio, también abogado, llevaban muchos años de combate contra la corrupción. La misma corrupción que yo quería y necesitaba combatir de forma frontal.

Hoy somos socios los tres en un bufete legal que se dedica casi de manera exclusiva al combate contra la corrupción. Si tienen curiosidad por conocernos, pueden pinchar aquí para visitar nuestra web.

Con ellos he podido preparar las querellas que no me ha quedado más remedio que interponer contra 33 jueces y 3 miembros del Consejo General del Poder Judicial.

Pueden leer el artículo pinchando aquí.

Esto es sólo una parte del camino. Como habrán podido entender, hasta ahora las represalias sufridas han sido y están siendo, día a día, terribles. No descarto que esas represalias sigan e incluso se hagan todavía más fuertes y terribles. Como decía previamente, confío en Dios que es quien me da la fuerza para seguir adelante en una situación como esta.

Y sigo adelante confiando y absolutamente convencido que finalmente la Justicia me dará la razón. La documentación dice que la tengo.

He de decir que ha sido enormemente consolador y de un enorme apoyo contemplar cómo recientemente se aprobó y ya ha entrado en vigor la Directiva Europea de protección a denunciantes. Si tienen curiosidad, pueden leer este breve resumen de los efectos de la Directiva en este post de Dedalo Legal, nuestro despacho jurídico.

Si quieren adoptar más represalias.. tendrán que pensárselo bien. La Directiva Europea no sólo las prohibe. Además obliga a los Estados Miembros a establecer una serie de medidas de protección cuando estas represalias se han producido ya.

Les hablaré de todo ello en otro post para no alargarme más.

5 Comentarios
  1. 22 diciembre, 2019
  2. 23 diciembre, 2019
  3. 26 diciembre, 2019
  4. 28 diciembre, 2019

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