Las Vegas: Catedral del Angel Guardián

Han pasado ya un par de semanas desde que estuve en Las Vegas asistiendo al Licensing Show y no consigo que se me quiten de la cabeza las imágenes pintadas al fresco tras el Altar Mayor, que descubrí en la Catedral del Angel Guardián el domingo cuando asistí a la Misa. Son realmente espectaculares en su conjunto y toda una meditación en si mismas. Cuando terminó la Misa me quedé un buen rato sentado, contemplándolas e intentando descubrir cada uno de los detalles que esconden.

 

No me lo esperaba.  Son de una profundidad, modernismo y al mismo tiempo misticismo realmente impactantes. Tienen que tener detrás a un o una gran artista, que al mismo tiempo tenga una profunda vida interior.  Y no me ha quedado más remedio que investigarlo un poco. Aquí presento de una manera breve los frutos de la investigación realizada.

 

La Catedral está situada al final del Stripe, detrás del Wynn Hotel, tiene forma de hangar de aviación, fue construida en 1963 como un Santuario y en 1976 se convirtió en la Catedral de la Diócesis. La Diócesis de Nevada fue constituida en el año 1931, convirtiéndose Nevada en el último estado de los Estados Unidos en tener su propia Diócesis, que ocupó todo el territorio del Estado en un principio, hasta que en 1995 dividieron el Estado en dos Diócesis, creando por un lado la de Las Vegas y por otro la de Reno.

Pues bien, la autoría de las pinturas acrílicas del mural del Altar Mayor, de más de 200 metros cuadrados de las que hablo en este post y que tanto me llamaron la atención son de dos hermanas húngaras, Isabel y Edith Piczek, dos artistas afincadas en Los Angeles, pero  con una impresionante historia sobre sus espaldas.

Nacidas en Hungría, Isabel ganó su primer premio como pintora a los once años en su tierra natal y tras el, vinieron otros muchos más premios. Atraídas por el arte sacro, en medio de un país comunista, sabían que no podrían jamás desarrollar sus cualidades. Decidieron escapar a Austria, país vecino, en un momento en el que hacerlo era realmente peligroso, pero lo lograron y llegaron a Viena con enorme fortuna. De allí pasaron después a Italia, cruzando los Alpes a pie en medio de la nieve y llegaron a Roma, donde se instalaron y empezaron una importante carrera como pintoras, que les permitió además profundizar en su fe, conocer a importantes personalidades del mundo de la Iglesia, grandes teólogos y críticos de arte. Y todo esto antes de cumplir los veinticinco años.

Tras tres años en Roma y 42 murales pintados, decidieron marcharse a los Estados Unidos, donde el número de pinturas realizadas se ha convertido en incontable.

Me gustaría citar aquí dos textos diferentes que aparecen ambos en la web de la Catedral (http://www.lasvegas-diocese.org/GA_Gallery.html ). Uno en el que se habla de las artistas y del fresco del Altar Mayor en particular. Dice textualmente: “…The artists’ work on three continents and seven countries seems to have reached its as the tic summit in the Guardian Angel Cathedral. Yet, the art form of Mystical Realism that will communicate in inner levels never touched before, opens a new chapter in the history of human visual development…”

Y el otro, es un texto escrito por las propias autoras para describir su obra. Dice así:“…The art work seen here is the kind of art which does not want to exist for its own sake.  It wants to draw you into a passionately and deeply inner existence, step by step, from the dark original creation into the monumentally recreated world of Man’s Supernature.  The Destiny of Man is to unfold in front of your eyes, an unfolding which ends in Happiness-your happiness…”

Imposible definir mejor la obra que realmente tanto me impresionó. Invito a visitarla y deleitarse en su contemplación a todas aquellas personas que pasen por Las Vegas y tengan oportunidad para hacerlo. En medio de todo el ruido, las luces y el color de esa fantástica ciudad, merece la pena recluirse aunque sólo sea unos momentos en el silencio de la contemplación de una obra así. Y de paso, al estar en la Iglesia frente al Sagrario, aprovechar para hacer unos momentos de oración.

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